¿Contra las cuerdas o amb la soga al coll?

PR12080311/Jorge Sebastià

Bien. No todo los periodistas podrán ser corresponsales en Washington, editorialistas de ABC o jefes de redacción de El País. De la misma manera que todos los jugadores de baloncesto llegan a ser Gasol o Jordan. En este deporte los norteamericanos utilizan la palabra journeyman para definir al jugador que se gana la vida yendo allí donde le necesitan y cumpliendo la labor encomendada. Salvando las distancias, el periodista local o comarcal sería el journeyman del periodismo. Siempre es necesario alguien que cuente, y que lo haga bien, los destrozos de unos gamberros en la Plaza Mayor o los acuerdos del último pleno del Ayuntamiento. En España la prensa local y comarcal tiene un amplio respaldo, especialmente en Catalunya.

 Del modelo catalán explicó algunas de sus  peculiaridades Joan Albert Argerich, recopiladas en el Llibre Blanc 2010 de la Premsa Comarcal.

 Basten sólo tres datos para ver la potencia de estas publicaciones en nuestros vecinos del Norte: 133 publicaciones, 1690 puestos de trabajo directos, 875.000 lectores. Tres datos y una característica fundamental: la relevancia de la lengua catalana. Sin ella, no se entiende su modelo.  Por ello, la comparación con el modelo valenciano parece mucho más odiosa. Mucho más limitada en cifras, la prensa de proximidad valenciana sólo comparte con la catalana su defensa de la lengua común. Apenas hace un año que se fundó la Associació de Publicacions Periòdiques Valencianes (APPV). Francesc Martínez, profesor de la Universitat de València y autor del libro Periodisme contra les cordes. El valencià en els mitjans de comunicació, defendió la calidad del producto, vinculado a la utilización de la lengua autóctona. Expuso las características de nuestra prensa de proximidad, haciendo hincapié en el “minifundismo empresarial” dominante, la marginación por parte de los poderes públicos -verbigracia el gobierno asturiano destina más dinero para los medios en lengua propia que el valenciano–  y la “colonización” de los medios estatales, así como también subrayó  las dificultades observadas en estos medios para seguir las tendencias del mercado y la nula o escasa inversión digital realizada.

Yo me pregunté por qué el acto no se desarrolló en catalán, fuese en variedad oriental u occidental (o ambas). Si en lugar de la UMH estudiáramos en la Universidad de Murcia o de Santiago de Compostela, esta pregunta sería baladí. Pero la UMH está en Elx. Es más, molestó que se preguntara a los invitados en la lengua de Fabra (Pompeu, no Carlos, que éste es de los de la soga). De la respuesta tal vez, sólo tal vez, pueda colegirse por qué los medios locales valencianos en general, y la prensa en particular, se hallan tan lejos de sus “primos” catalanes. Martínez fue cuestionado sobre ello, y no le parece fácil importar su modelo. Entiende factible hacerlo únicamente con los medios digitales. “Tant de bó”  que la tecnología saque de entre las cuerdas a las publicaciones valencianas en general y a las realizadas en valenciano muy especialmente. Consejo: ¡¡Consume publicaciones valencianas!!.

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